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Cinco formas de mejorar tu diálogo interno y tu visión del mundo

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Cada día nos levantamos a iniciar una nueva jornada de nuestra vida. Desde el primer momento comenzamos a dialogar con nosotros mismos. Y la verdad es que solemos prestar muy poca atención a los mensajes que construimos en torno a nosotros mismos.

Nos llenamos de sentimientos de culpa, nos infravaloramos, diseñamos un concepto propio de fracaso o de autocompasión que solo logra petrificarnos, meternos en un pozo sin fondo sin ver que podemos salir y avanzar simplemente cambiando nuestros esquemas psicolingüísticos y nuestra aceptación propia y de los demás.

Mejorar el diálogo interno es fundamental para mejorar las relaciones con otros, ya que de esta manera podremos proyectar la mejor imagen de nosotros mismos. El modo en que ves al mundo lo construyes con tu pensamiento. Si estás en medio de situaciones difíciles, atraviesas una crisis, solo tu actitud y tus pensamientos te darán la clave para salir airoso de cada situación. Aunque sea un lugar común, decir que cada crisis es una oportunidad, es una verdad insoslayable.

Acá te dejamos cinco consejos para mejorar tu diálogo interno y tu visión del mundo:

Revisa el concepto que tienes de ti

Lo primero que debes revisar es la forma en que te ves a ti mismo. Haz una lista de tus cualidades positivas y negativas. Párate frente al espejo y piensa en la manera en que te tratas a ti mismo. ¿Te gusta tu cuerpo? ¿Lo criticas? ¿Lo escondes? El primer paso para cambiar es aceptar lo que somos y lo que tenemos. Aceptar no significa conformidad, sino definir nuestro punto de partida, para saber a dónde quieres llegar o qué quieres hacer para superar tu insatisfacción.

Inicia el cambio

“Todo viaje comienza con un paso” se lee por ahí en las redes sociales con frecuencia. Pues es cierto, para iniciar el camino de transformación estás dando el primer paso en este mismo momento. Si lees esto es porque estás tomando conciencia de que hay cosas que tienes que cambiar en ti para que tu entorno mejore. Este es el primer paso, pero es uno muy importante. Sin el primer paso no hay viaje posible, no existe.

Ponte de cabeza

Este punto no es literal. Cuando te pedimos que te pongas de cabeza, estamos hablando de la perspectiva, de cambiar la manera de ver las cosas. Con bastante frecuencia solemos ver las cosas desde nuestra mirada reductora. No le damos a los acontecimientos y a sus protagonistas la posibilidad de entender por qué sucede tal o cual cosa. En ocasiones no vemos lo que ocurre, sino lo que consideramos nosotros que está sucediendo. Construimos los hechos desde lo que nosotros mismos estamos proyectando sobre ello. Es por eso que vale la pena detenerse un momento, respirar y reflexionar sobre lo que está sucediendo. Focalizar tu atención es fundamental en este proceso.

Valora tus potencialidades

Una película india (Taare Zamen Par) «Estrellas del cielo» o «Todos los niños son especiales» nos mostraba un niño que en un colegio le iba muy mal y en su casa era incomprendido y castigado. ¿La razón? Solo veían en él sus dificultades porque era disléxico, hasta que la llegada de un nuevo maestro cambió la perspectiva y vio en el niño su talento como dibujante. Eso le hizo organizar su esquema de trabajo con el niño en función de eso y logró explotar todo el talento que el pequeño tenía, por lo que terminó haciéndose popular en la escuela al ganar un concurso de pintura organizado por el maestro. ¿Qué quiere decir esto? Que el hecho de que haya cosas que no logres alcanzar, siempre hay otras más en la que puedes alcanzar la excelencia. Solo debes identificar tus potencialidades y reconocer en ti a ese ser valioso que eres. En tu diálogo interno, siempre cobran mucha fuerza la visión negativa sobre uno mismo, así que enfoca tu mirada en tus talentos.

Analízate

Dedica un tiempo a convertirte en objeto de tu propia investigación. Asume la contemplación de tus propias palabras, toma nota de cuántos mensajes envías a tu cerebro cada día sobre aspectos negativos de tu vida. Registra cuántas veces te lamentas de las cosas que te pasan. Escribe cualquier pensamiento que tengas, al menos tres veces al día. Luego repite y léelos en voz alta preferiblemente. Algo notarás de inmediato, cualquier cosa seguro te sonará de una manera distinta al momento en que lo dijiste por primera vez. Analiza bien eso que dijiste y escribiste y plantea de qué manera puedes mejorar o cambiar radicalmente ese concepto.

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