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Claves del sexo tántrico

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La sexualidad es una parte fundamental de la vida desde que nacemos hasta nuestra edad más adulta.

Por siglos, la sexualidad ha sido un tema de primera importancia en civilizaciones y culturas que nos han legado enseñanzas sobre ella. Vivir plenamente nuestra sexualidad es un beneficio que abarca todos los ámbitos de nuestra vida. El potencial de energía que se despliega a través de una sexualidad saludable es muy grande. Te ayuda a equilibrar muchos aspectos de tu vida, incluso el económico.

El sexo es expresión de placer, de bienestar y armonía. En principio, porque es un elemento que te complementa, que te permite unir tus fuerzas con las de alguien que te hace sentir bien, que despierta en ti sentimientos bonitos y activa el deseo.

Hay técnicas milenarias que contienen recomendaciones en las que se destaca la importancia de la sexualidad como parte del crecimiento espiritual. El sexo tántrico es justamente el reconocimiento de técnicas en las que el encuentro sexual se usa como un medio de meditación. De esta manera, se propicia como una forma de armonizar nuestra vida.

El sexo tántrico es además una estrategia amatoria que permite una compenetración muy integral con la pareja, lo cual se traduce en un nivel de felicidad mayor, de un compromiso más sólido y de un bienestar sin precedentes en el ámbito de la relación de pareja.

Mucho más que un orgasmo

El sexo es mucho más que un orgasmo, es un proceso de complementación total entre una pareja. Dicen que el principal órgano sexual es el cerebro, por eso la estimulación visual basta en la mayoría de los casos para activar el deseo, ya que el cerebro ve la imagen acústica y reacciona como si lo que ve fuese real y el cuerpo emite una respuesta fisiológica.

Ahora bien, el uso de la sexualidad tántrica te puede llevar por un camino de satisfacción plena y de renovación constante del deseo por tu pareja. Esta filosofía se remonta a más de 4 mil años en la India. En ese contexto se concibe el sexo como un acto sagrado, que permite la conexión emocional, espiritual, física y mental entre los miembros de la pareja.

La práctica del sexo tántrico trasciende al orgasmo, ya que fortalece la comunicación, la armonía y la unión de la pareja, que se prolonga más allá del acto sexual y favorece otros aspectos vitales como la salud física y mental, al tiempo que genera una actitud en las personas que lo hacen más felices, se mantienen en pensamientos positivos, se fortalece la energía y la capacidad para afrontar desafíos. Nos hacemos más amigables, lo que impacta en nuestras relaciones sociales, mejora el humor y eso nos hace más atractivos.

Amar con todo el ser

Como hemos visto, el sexo tántrico es una expresión total del ser. Se trata de trascender los órganos sexuales y aprender a vivir una experiencia plena y total con todo el cuerpo. Convertir a toda la piel, todas las zonas del cuerpo en un camino para la realización sexual plena. Eso garantiza niveles de satisfacción inimaginables y que superan las expectativas que las personas se plantean a la hora de vivir su intimidad.

La clave es el control

La industria cultural nos ha vendido el sexo como una experiencia arrebatada y a veces hasta salvaje. La filosofía del sexo tántrico es totalmente distinta, ya que se trata de una experiencia prolongada. El sexo tántrico puede ser practicado, cuando se hace con maestría, por muchas más horas que un encuentro sexual tradicional. Esto porque se desarrolla un control pleno sobre el cuerpo, ya que el objetivo no es la eyaculación, sino la concepción de un estado orgásmico prolongado, en el que el éxtasis es prolongado y se vive al final con mucha más intensidad que la pasión desaforada de pocos minutos.

Por eso, entre las técnicas está el control de la respiración, es fundamental, porque la respiración es clave en el control del cuerpo y la mente. Se desarrollan caricias con todo el cuerpo, se trata de sentir al otro en toda la extensión de su ser. Lograr reconocer plenamente el cuerpo amado. Así hasta introducir otros juegos sexuales, para finalmente llegar a la penetración, que se puede prolongar cuanto se desee con técnicas para retardar la eyaculación y poder disfrutar de manera más profunda del sexo.

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