Una vida placentera en la sencillez de las cosas | Lideralo

Una vida placentera en la sencillez de las cosas

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La búsqueda del placer es algo que atañe a la sociedad desde tiempos muy remotos. Forma parte de los equilibrios que necesitamos para vivir una vida sana. Muchas veces nos olvidamos de la importancia que tiene darse una escapada y tomar una carretera solo o con alguien especial, que te permita disfrutar de la naturaleza, del solo hecho de viajar, que ya es un beneficio considerable para tu cerebro.

Vivir, disfrutar de alimentos y bebidas nos ayudan a oxigenar el cerebro cuando salimos de las rutinas de nuestras responsabilidades cotidianas. Ser un poco sibaritas no le viene mal a nadie. Solemos tener ideas erradas o prejuiciosas de lo que, por ejemplo, significa ser sibarita. Esta expresión tiene un origen muy antiguo, pues refiere a los habitantes de Sibaris, un pueblo ubicado al sur de Italia que fue fundado por colonos griegos en el siglo VII A.C. Estos colonos tuvieron mucho éxito y convirtieron a su ciudad en una zona comercial próspera, lo que los motivó dedicarse a la buena vida. Por ejemplo, prohibieron los gallos, para que no molestaran con su canto, concedían premios a los mejores cocineros, Y no se trata de tener mucho dinero y vivir una vida fácil, sino de poder valorar en cada cosa aquello que nos alegra el espíritu.

Recordemos la película “Comer, rezar, amar”, en la que la protagonista decide darse una escapada y experimentar nuevas vivencias que terminaron transformando su vida. Ese aire que a veces nos negamos, podría incluso cambiar todo lo que conocemos, pues las circunstancias nos ayudan muchas veces a ver la vida con otros ojos, cuando las vemos desde el placer y despreciamos el estrés que es tan nocivo para la salud. Es necesario hacer conexiones entre lo que disfrutamos, con el conocimiento, con la historia que está detrás de lo que consume, su origen, las características, por ejemplo, de un buen café, de un chocolate, de un plato y mucho más allá, de una buena canción, de una película. En este sentido, reiteramos que no se trata de tener mucho dinero y dedicarse a una vida exclusiva de placeres, sino de encontrar el placer en aquello que tenemos en nuestro entorno, de aquello que nos gusta y darnos pequeños o grandes gustos, de acuerdo a nuestras circunstancias, pero no dejar pasar en la vida la posibilidad de vivir bien.

Disfruta de un buen vino, por ejemplo, tiene una historia, una tradición, tiene implicaciones geográficas, aspectos que nos permiten disfrutarlo mucho más cuando entramos en conocimiento de todo lo que sucede para que lo llevemos a nuestra boca. El estímulo de los sentidos, de los placeres, está en muchas cosas, en la música, en una buena película, una exposición fotográfica o basta una solo foto para deleitarnos, un aroma, un sonido como el de la lluvia, el petricor (olor de la tierra mojada), el aroma de un chocolate, de un café, cualquier cosa puede conectarnos con experiencias que nos llenan de satisfacción, que nos trasladan o evocan momentos pasados, con otras sensaciones que nos van dando esos fragmentos de felicidad.

Porque como dice Will Smith en su interpretación de Chris Gardner en la película En busca de la felicidad, dirigida por Gabriele Muccino: “Esta parte de mi vida, esta pequeña parte de mi vida, se llama felicidad”. Y de eso se trata, la felicidad no es un estado permanente, que nos dura las 24 horas de los 365 días del año, es un conjunto de momentos que vamos sumando, que al final, cuando sopesamos los momentos felices y son mayores que los tristes que a todos nos toca vivir, podríamos decir que hemos tenido una vida feliz.

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